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7. Tratamiento
Es importante hacer una terapia con un psicoterapeuta especializado en abusos, para que pueda detectar el significado de lo vivido y ayudarle a superarlo.

Lo fundamental es romper ese silencio que ahoga, y “gritarlo”: desenterrar y gritar los sentimientos, emociones y vivencias silenciados durante tanto tiempo. Cuando está disociado o negado, poder conectarse y comprender el impacto que ello causó. A partir de ahí, aprender a distinguir víctima de agresor: por mucho sentimiento de culpa que se tenga, la víctima es siempre la víctima. Aprender a liberarse de todas esas ideas y sentimientos distorsionados sobre sí misma, (suciedad, puta, maricón…); reconocer, expresar y canalizar su sentimiento de rabia (contra sí y/o contra todo el sexo agresor, o contra los órganos genitales…); aprender a detectar situaciones engañosas y aprender a decir NO; aprender a confiar en los demás, e ir creando una red de apoyo, de confianza; perder el miedo al agresor y si es posible, enfrentarse a él, (lo ideal es que consiguiera una disculpa y desenmascararlo).

Se trata de entender desde lo profundo la relación que existe entre sus problemas actuales y lo sucedido, y poder comprender tanto la realidad exterior como su propia realidad, (ambas distorsionadas). Se trata de conectar y conocer su auténtico yo, y reconstruyendo su imagen, sintiéndose acorde consigo misma, con su cuerpo, su sexualidad…; rescatar parte de esa inocencia perdida y abrir un camino hacia el futuro: realista y abierto a la esperanza. Algo nuevo comienza que merece la pena ser vivido. Estando en paz con uno mismo es más fácil encontrar compañeros de viaje. Y aunque el pasado no se puede olvidar, las heridas sí pueden cicatrizar. El silencio se transforma en palabras que curan. ¡Rompamos el silencio!. Merece la pena intentarlo.
 

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